Día 1 de Bitácora


Mi nombre es Reyna… no sé si debería empezar de otra manera esta especie de bitácora de mi vida. Un diario de mis pensamientos y mi aburrida vida, como si de una quinceañera se tratara. Pero en fin, es lo que me ha recomendado la terapeuta para dejar de sufrir pesadillas, que debo exteriorizar mis emociones, sobre todo mis miedos.

-La mejor forma de empezar a expresar tus sentimientos es a través de un cuaderno de bitácora- ha dicho -no hace falta que sea diario, puede ser semanal, o simplemente cuando te parezca bien, pero que sea constante- después ha sonreído como queriendo enfatizar lo de “constante”. Le he correspondido la sonrisa y me he marchado con mis penas a otra parte.

A lo que iba, que no sé cuál es la mejor forma de empezar un diario, de jovencita no lo tuve y ahora… todo sea por intentar que las pesadillas disminuyan, ya no digo que desaparezcan. Tampoco sé lo que voy a contar aquí, porque mi vida diaria es bastante monótona, cargada de estrés y responsabilidad como Especialista de Vida de la estación espacial, sí, pero monótona al fin y al cabo. Afortunadamente. Si todo transcurre de forma rutinaria es que todo va bien y no hay grandes preocupaciones aparte de preocuparse para que no  haya grandes preocupaciones, una gran paradoja.

Bueno, puedo empezar contando cómo es mi trabajo, a lo mejor así reduzco parte del estrés que me genera. No, creo que empezaré mejor por contar cómo he llegado hasta aquí. Me lo voy  a pensar.

Día 1 del Cuaderno de Bitácora. Segunda Parte

Mi madre era muy supersticiosa, creía que la mala suerte era el castigo por nuestra falta de atención al hacer las cosas, por la falta de responsabilidad sobre nuestros actos. Pero no fue siempre así, hubo algo que la cambió casi de repente: el testamento de un visionario lo llamaba ella. Sí, esa historia debería contarla aquí también, podría ser que me estuviera influyendo negativamente y nunca lo he hablado con nadie… buena idea.

Riscal, así se llamaba mi madre, era Ingeniero Consorte, es decir, una ingeniera que estaba para las guardias, de apoyo en turnos especiales, tareas de supervisión rutinarias… ese trabajo le permitía mucho tiempo libre, mientras permanecía de guardia no tenía mas que estar disponible ante una urgencia, y dedicaba ese tiempo a sí misma y a sus locuras. Por cierto, llevo de apellido el nombre de mi madre porque mi padre no vivió para verme nacer, pero esa sí que es una historia que se aleja mucho de mí, así que de momento no me interesa contar nada. Esto me vuelve a recordar el testamento del visionario, un tipo de una época en la que los apellidos se heredaban de padres a hijos como si fueran un bien preciado. Todavía no entiendo el sentido de eso, ¿hay algo más sencillo a la vez que efectivo que llevar de apellidos el primer nombre de tus padres?

Pero antes de hablar del visionario quería hablar de mi madre. Se me acumulan las historias y esto no ha hecho nada más que empezar. Creo que lo dejo por ahora hasta mañana.


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