Día 2 de Bitácora


Esta noche he tenido una de las peores pesadillas de los últimos meses, si eso significa algo con respecto a este diario, lo voy a dejar rápido. Espero más bien que sea un punto de inflexión y que la cosa mejore a partir de ahora.

Ayer dejé colgado el tema de mi madre. En realidad no sé muy bien qué debo contar de ella. Fue siempre una persona muy minuciosa, detallista, perfeccionista, en realidad obsesivamente perfeccionista, sobre todo desde la muerte de mi padre en traslado rutinario en un transbordador mal reparado. Mi madre decía que si hiciéramos las cosas como se debe, intentando siempre ser perfectos, la mayor parte de los accidentes no ocurrirían nunca. Esto le llevó a tener la costumbre de revisar las cosas tres veces antes de darlas por hechas. Al final le diagnosticaron TOC (trastorno obsesivo compulsivo), pero ella decía que no estaba enferma, que lo hacía consciente y voluntariamente para asegurar la calidad de lo que hacía. El problema es que esta actitud traspasó de su vida profesional a su vida personal.

A decir verdad, yo soy incapaz de diferenciar entre mi vida profesional y mi vida personal… será que no tengo vida personal… este diario no me está llevando por buenos derroteros, voy a acabar por deprimirme. En fin, estaba hablando de mi madre.

Poco más de dos años después del diagnóstico de TOC, y como se negaba a ser tratada, acabó por ser licenciada y pasó a la reserva. Alguien se equivocó y debió inhabilitarla para su profesión, pero no hizo bien su trabajo, como decía mi madre, y eso acabó con ella y con otras seis personas. Su enfermedad la hacía incapaz de tomar decisiones rápidas en situaciones críticas, y la primera vez que se encontró ante una situación crítica tardó demasiado en hacer lo que debía y le costó la vida a ella y a sus acompañantes. Ya contaré esa historia, tiene más misterio de lo que parece, porque lo que realmente ocurrió es que desapareció con el resto de la tripulación y la nave de reconocimiento en la que iban. Les dieron por muertos como no podía ser de otra forma, pero eso de no tener un cuerpo del que despedirse ni incinerar se le queda enquistado a los familiares y amigos más cercanos para el resto de su vida.

Ahora es cuando debería recordar algunas cosas buenas de mi madre y plasmarlas en el diario. Ese era el objetivo del diario según me dijo la médica: -Debes centrarte en las cosas buenas para que los relatos de tu diario comiencen y acaben en positivo, aunque cuenten también las cosas malas que te suceden-

Como yo digo siempre, si no vas a hacer caso al médico, no vayas. Así que contaré algo bueno de mi madre. Era una madre atenta, bastante cariñosa. Sabía hacerse querer (y odiar). Mi vinculación con ella era muy fuerte hasta el día en que desapareció, a partir de entonces decidí que la llevaría siempre conmigo con los mejores recuerdos, pero que no debía echar de menos el futuro que no íbamos a tener juntas. Eso sucedió cuando yo tenía 21 años. Ahora tengo 31 recién cumplidos. Parece que todo se ha conjurado para que comience este diario en el mismo momento en el que me han dado acceso de nivel 1 a los archivos. Como Documentalista de Historia Remota es muy interesante para mi porque me permitirá profundizar en la vida del autor del testamento que trastocó la mente de mi madre, y también en los archivos sellados sobre su desaparición junto con el resto de su tripulación.


Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *