Lector cero: «no me he enterado de nada»

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Cuando escribes en un blog parece poco relevante qué pasa cuando un lector aterriza en uno de tus contenidos. No, no estoy loco, todos miramos con ansiedad la tasa de rebote, el número de páginas vista por visita y el tiempo de permanencia en la página. Sí, pero ¿realmente te has preocupado de saber lo que piensa tu lector del contenido que has publicado? ¿Te has planteado por qué no ha terminado de leer la página, por qué no ha pulsado en los contenidos relacionados o recomendados, o por qué no se ha suscrito a tu magnífico, flamante y sensacional newsletter que tanto esfuerzo te cuesta y que con tanta dedicación intentas que se vea atractivo para captar suscriptores?

Bien, pues no es de eso de lo que quiero hablar, quiero decir, que eso da para un capítulo aparte, pero quería hacer el paralelismo con lo que hacemos cuando escribimos un relato (del tipo que sea): contrariamente a lo que nos preocupamos por saber de un blog, cuando escribimos un relato buscamos la aceptación del lector cero, de ese lector incondicional a la vez que sincero; de ese lector al que le obligas (aunque parezca que lo hace voluntariamente) a leer tus relatos para que te de una opinión sincera (y vaya si lo hace).

Lo que ningún escritor quiere oír de su lector cero es «no me he enterado de nada». Pero ¡ay!, cuántas veces pasa esto. Puede que a partir de la tercera ya nos hayamos aprendido la lección y no cometamos los errores que llevan a un lector a decir «no sé de qué estás hablando, me lo he leído porque es tuyo pero no he entendido nada».

Que la fiesta no decaiga

Si nos ocurre esta situación, lo primero que tenemos que hacer es no caer en una profunda depresión, no tirar la pluma, no tirarse de los pelos: esto puede pasar, y no pasa nada. Bueno, si pasa, que tenemos que reescribir el relato. Pero que la fiesta por haber terminado la primera escritura del relato no decaiga, porque ese paso era necesario para seguir avanzando con los siguientes, y es un éxito concluir un relato con cierta satisfacción propia aunque a los demás no les guste nada de nada o simplemente no lo entiendan.

No se trata de si la historia es buena o mala, si los personajes son planos o llenos de matices, si evolucionan o no, si las secuencias tienen sentido, si hemos metido un deus ex machina de repente porque nos hemos metido en un lío nosotros solitos, no, no se trata de eso. Lo primero de lo que se trata es de que la historia se entienda. Después vendrá el «bueno, no está mal» que quiere decir «no me ha gustado nada». Pero aún no hemos llegado a eso (a lo mejor no tenemos que llegar a eso nunca).

¿Has corregido el relato?

Si no lo has hecho, ya estás tardando. Lo que le has pasado a tu lector cero es un borrador, no la novela terminada. ¿Has visto un manuscrito clásico alguna vez? Echa un vistazo a las imágenes de Google y verás lo que es un manuscrito con cientos de correcciones e incluso páginas enteras tachadas. Si no has tenido que reescribir apenas ninguna parte de tu relato, lo que ha ocurrido es que eres un crack o simplemente tienes un borrador y te has adelantado a entregarlo para su lectura.

Si ya habías corregido tu relato (y no me refiero obviamente ala corrección ortotipográfica), tendrás que revisarlo de nuevo con otros ojos, con los ojos de tu lector. Puede resultar duro, pero es que no te puedes saltar ningún paso si quieres que el resultado sea adecuado.

Por dónde empezar

Cuando pasa algo así como el «no me he enterado de nada» lo mejor es preguntarle al lector cero: «¿de qué va lo que has leído? hazme una sinopsis en dos o tres frases». Con eso ya tendrás la primera clave de qué es lo que no se entiende de tu relato y por qué. Ahora relee lo escrito pensando en lo que ha entendido tu lector y sabrás exáctamente lo que no funciona. ¿Cómo cambiarlo? ¡Ah! eso es cosa tuya. Algunas opciones:

  • Si utilizas frases muy largas, acórtalas.
  • Si te enrollas con largas explicaciones, redúcelas o distribuye la información en varias escenas.
  • Si no explicas cosas que no se pueden dar por hechas, explícalas (sin pasarte).
  • Aprovecha para mejorar todo aquello que veas que es mejorable, aunque eso te suponga reescribir escenas enteras o añadir nuevas escenas.

Vuelve a confiar en tu lector cero

En este momento tu lector cero es lo más importante de tu vida. Si hace falta le haces la pelota para que vuelva a leer tu relato o le invitas a cenar, pero necesitas esa segunda opinión de la misma persona que leyó el primer borrador, y que siga siendo sincero. Prométele que aunque no le guste y tengas que volver a repasarlo no le vas a pedir que se lo lea una tercera vez, que no se preocupe y que puede seguir siendo sincero.

A partir de aquí el resultado puede ser muy variado, pero seguro que has sido capaz de mejorar la escritura, la historia, la forma de explicarte… seguro que has mejorado. Lo que también es seguro es que debes seguir mejorando relato a relato, que lo que has escrito hasta ahora no es perfecto, pero tampoco lo tiene que ser.

Recuerda, «el talento no se tiene, se suda» (cita de Juan Gómez Jurado).


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